Johann Wolfgang von Goethe, padre del romanticismo alemán y uno de los estandartes culturales de la literatura moderna, dejó una frase para el recuerdo que toda persona debería tener siempre presente ”cuán insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente”. Y, como no podía ser de otra manera, las personas que se dedican a la esfera política, también.

Y es que el tiempo no para, las legislaturas vuelan y el tiempo que no hemos aprovechado, no lo vamos a poder recuperar. Son incontables las conversaciones, a meses previos de elecciones, en las que los diferentes equipos de campaña y de dirección de partido se arrepienten de aquel proyecto que querían hacer hace un tiempo y no han hecho, esa iniciativa que no han encontrado aún el momento ideal para llevarla a cabo o, algo tan sencillo (y tan común), como no haberse ‘puesto las pilas’ para comunicar su proyecto y vender la gestión que han venido haciendo.

Sin ánimo de entrar en la importancia de la campaña permanente en la sociedad hiperconectada en la que vivimos, eso ya lo explicó recientemente mi compañera Nerea Sanabria en este artículo, es indudable que todo el camino que recorramos durante este tiempo, es un trabajo que ya nadie nos podrá quitar en los próximos años.

Es, en este momento, cuando hemos de tener definido el proyecto que queremos llevar a cabo de aquí a las próximas elecciones y, además, establecer un cronograma con los diferentes objetivos y metas anuales para que así nos ayuden a poder confeccionar una estrategia que nos ayude a poder alcanzarlos.

Entonces, ¿qué objetivos hemos de marcar (y tratar de conseguir) en este 2024?:

  1. Posicionar las líneas estratégicas de nuestro proyecto para la legislatura. Definir las líneas estratégicas nos va a ayudar a realizar una gestión acorde a las mismas, lo que comunicativamente nos va a permitir ser más coherentes y compactos, lo que nos ayudará a que más personas puedan conocer nuestro proyecto, vean el trabajo que estamos realizando y, en la mayoría de los casos, puedan valorar lo realizado. La indefinición estratégica, o su definición tardía, limita nuestra proyección política y, por tanto, que las personas puedan identificarse con nuestro proyecto y, así, que puedan convertirse en altavoces del mismo.
  2. Salir del despacho. Este suele ser uno de los principales errores que se cometen, fundamentalmente, en los gobiernos que empiezan. Es común que los y las dirigentes recién llegados al cargo se metan en los despachos a revisar todo lo realizado por el anterior gobierno y se conviertan en unos funcionarios más de la administración lo que no tiene ninguna lógica, puesto que para eso, ya está el cuerpo funcionarial. El trabajo que se desarrolla dentro de los despachos que no tiene repercusión en la ciudadanía, no sirve de nada (electoralmente hablando). Si se hace este trabajo de despacho sin ningún rumbo marcado a nivel estratégico, lo único que estará ocurriendo es una consecución de ideas y proyectos improvisados que no van a ayudarnos a que la gente conozca y entienda el proyecto que queremos construir. Esta falta de identificación nos propulsa a la indefinición, lo que impide que las personas puedan sentirse representadas por lo que hacemos, o lo que proyectamos que queremos hacer. Mal negocio.
  3. Consolidar las relaciones de valor conseguidas en campaña (y en anteriores legislaturas). Si durante el período electoral (o en anteriores legislaturas) hemos invertido el tiempo construyendo y cuidando relaciones con diferentes agentes y colectivos del tejido social, productivo, etc, para involucrarles en nuestro proyecto, ya sea de manera proactiva o informativa, ¿qué sentido tiene echar todo este trabajo a perder? Evidentemente, ninguno. Uno de los objetivos de este 2024 tiene que ser mantener, cuidar y, por tanto, consolidar, con estos agentes y colectivos para seguir haciéndoles partícipes de nuestro proyecto político. En estos casos, el efecto multiplicador de nuestro trabajo es uno de los factores a tener en cuenta ya que estas relaciones se generan con personas que son prescriptoras o, por otro lado, con colectivos, entidades o asociaciones que albergan a un número importante de personas dentro de ellas. Cuantos más espacios ocupemos (de una manera efectiva), menos capacidad tendrán el resto de partidos para hacerlo. Cuanta más visibilidad tengamos en su agenda, menos foco tendrán nuestros adversarios.
  4. Ser (pro)activos comunicativamente. Si quieres vender en la campaña de Navidad, sólo si eres Ferrero Rocher, Suchard o la Lotería te puedes permitir estar todo el año ‘sin hacer nada’ a nivel comunicativo y, aún así, que la ciudadanía siga eligiendo consumir tu marca unas Navidades más. Cada proyecto político está en un proceso y tiene un ‘backup’ comunicativo diferente pero esto no puede ser, en ningún caso, óbice para definir una estrategia comunicativa que nos ayude a alcanzar los objetivos que hemos marcado. Si confiamos que vamos a dar a conocer nuestro proyecto, construir y consolidar una identidad comunicativa, hacer que la gente conecte con él y generar relaciones de valor con la ciudadanía a 6 meses vista de las elecciones, es que: o vamos sobrados de fe, o no somos conscientes de la realidad a la que nos enfrentamos.

Tempus fugit.