Hoy no vengo a descubrir nada nuevo. Sinceramente, rara vez eso es posible en los tiempos que corren hoy en día. Casi siempre, más que un descubrimiento o la invención de la pólvora, lo que más nos ayuda es abrir bien los ojos y los oídos y así poder descubrir, de nuevo, algo que conocemos pero que, muchas veces, no sabemos las posibilidades reales que nos ofrece.
Hay algo que siempre me sorprende cuando hablamos de campañas institucionales: muy pocas veces la conversación empieza por los números. De hecho, en muchos casos, los números o las cifras no aparecen durante toda la conversación.
Se habla del diseño del cartel, del vídeo de la campaña o del eslogan que se va a utilizar, pero en escasas ocasiones se empieza por la pregunta más importante de todas: ¿cuánta gente va a ver realmente este mensaje? O, desde otro punto de vista: ¿qué herramientas puedo utilizar para mejorar el impacto de mi campaña comunicativa?
Y es justo en este punto cuando suele aparecer o, al menos, debería, la publicidad en redes sociales. Y es que, tal y como escribí hace unos meses, a pesar de que la publicidad política en algunas de las redes sociales mayoritarias en nuestro país (Facebook e Instagram) llegó a su fin, sumado a la prohibición de TikTok a este tipo de publicidad (aunque algunos vayan vendiendo lo contrario), la publicidad institucional sigue ofreciendo una ventana de oportunidad a aquellos partidos y líderes que están en el poder.
Todos y todas sabemos que el principal objetivo de una campaña institucional debería ser que la ciudadanía se entere de lo que queremos contar, que la campaña tiene que tener una estrategia, que si apoyamos nuestra campaña de contenidos audiovisuales tendrán mejor impacto, etc. Y, como todos y todas ya sabemos todo esto, en este artículo quiero contaros una experiencia con un cliente con el que venimos trabajando ya desde hace un par de años. Porque como dice el dicho: “dato mata relato”. Y en este caso, trabajar bien el dato nos ayuda a que nuestros contenidos lleguen a muchos más usuarios con un coste pequeño.
Os pongo un ejemplo. Venimos trabajando desde hace años con un cliente, que es un Ayuntamiento de una capital de una Comunidad Autónoma (que ha preferido mantenerse en el anonimato). En concreto, estamos trabajando para su concejalía de Juventud y con la de Fiestas, tanto en sus plataformas de Meta (Facebook e Instagram, principalmente) como en su canal de TikTok. El objetivo era conseguir que los contenidos de la concejalía llegaran a cuantos más usuarios mejor, en un contexto digital de por sí saturado.
Con 1.611 euros invertidos, en 2025, llegamos a 4.938.391 reproducciones de los contenidos que promocionamos. Se trata de un coste por reproducción de 0,00032 euros por vídeo.
Para daros otro ejemplo: en mayo promocionamos con 53 euros un concierto (en este caso en Instagram) con el que llegamos a 970.006 cuentas de usuario. En resumen: 0,00005 euros por persona alcanzada.
Otra publicación, esta vez en TikTok, y algo más de gestión, como es la programación de la Semana de la Juventud: con 60 euros de inversión, un alcance de 129.746 cuentas de usuario. En resumen: 0,00046 euros por persona alcanzada.
Estrategia, planificación, buena segmentación (llegamos sólo al tipo de público que nos interesa) y una pequeña inversión son una receta bien sencilla para los resultados obtenidos. Eso sí, para poder llegar a esto, hace falta algo fundamental: creer en las posibilidades que te da la publicidad en redes sociales dentro de la comunicación institucional.
Que cada uno saque sus conclusiones y decida si, por ese precio, merece la pena invertir en esto o si, por el contrario, es mejor seguir destinando todo el dinero del plan de medios a los medios de comunicación tradicionales (con unos precios que suelen superar las tres cifras por publicación).
